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Aunque en apariencia son distintas, las cuatro películas candidatas a los Goya comparten este año un interés común por revisar la historia

Aunque en apariencia son distintas, formalmente no tengan nada que ver y sus directores provengan de mundos muy lejanos, las cuatro películas candidatas a los Goya comparten este año un interés común por revisar la historia. Es decir, hechos que merecen una 'h' mayúscula porque ya se encuentran recogidos en los libros de texto y porque figuran, además, en la memoria colectiva de varias generaciones.

'También la lluvia' nos propone un viaje en el tiempo de 500 años. El destino es la conquista (mejor que descubrimiento, en este caso) de América, pero haciendo una prolongada parada en la 'Guerra del Agua' que aconteció en Bolivia en 2000. Supone, según asegura su directora Iciar Bollaín, un análisis de la 'cara B' de Colón, de lo que no se suele contar en las biografías, donde se escucha también las voces de Fray Bartolomé de las Casas o Montesinos, habituales protagonistas 'mudos' en el cine. Lo sugerente del film de Bollaín reside en cómo logra entrelazar, gracias al texto de Paul Laverty, esta historia de colonialismo de comienzos del XVI con otras formas de neocolonialismo fácilmente detectables en nuestros días.

El público también parece querer echar la vista atrás y demanda otras formas de ver la (H)istoria

'Pan negro' supone un acercamiento, novedoso y nada condescendiente, a ese período tan cinematográfico -para bien y para mal- que es la posguerra española. La forma de revisar la historia que propone Villaronga está más cerca de las propuestas intelectuales de Erice ('El espíritu de la colmena') o Saura ('La prima Angélica') que de la mirada más melancólica de Armendáriz ('Secretos del corazón'), pese a compartir con ésta última a los niños como protagonistas. Con la brutal secuencia de arranque de 'Pan negro', Villaronga parece querer pedir al espectador que olvide por dos horas sus prejuicios (que los hay, y muchos) sobre este período tan transitado por directores y guionistas. Y lo consigue. 

Allí donde transcurre la película de Villaronga arranca 'Balada triste de trompeta', para extenderse luego a lo largo de 40 años de franquismo y acabar a las puertas de la Transición. La mirada del director se centra en su época preferida: la década de los 70. Ante su cámara desfilan tanto sucesos históricos (asesinato de Carrero Blanco), espacios reconocibles (el Valle de los Caídos), como iconos de la cultura popular de aquellos años (los payasos de la tele, Raphael...). El suyo es un modelo que apuesta por la integración de la cultura pop dentro de la revisión de la historia, con el único fin de restar trascendencia a las habituales lecturas, pero nunca a los hechos analizados.

Mientras, Rodrigo Cortés en 'Enterrado', la cuarta candidata al premio, prefiere ver la guerra de Iraq desde el subsuelo. Como si de un contraplano se tratase, el director acopla en el formato de thriller claustrofóbico referencias nada veladas a la intervención de la seguridad privada en aquel país y a las consecuencias traumáticas que la invasión está teniendo sobre los soldados. Es decir, un ejercicio similar al planteado por Paul Haggis en 'En el valle de Elah', donde también el género escondía una reflexión psicológica y política, pero mucho más sutil y equilibrado.

Se trata de una coincidencia que homogeniza, por primera vez en muchos años, la temática de las cuatro principales candidatas a los premios. El intento por revisar la historia es ya el gran triunfador de esta edición, mucho antes de que se sepan los ganadores.

Resulta curioso, además, que estas películas, excepción hecha de la más minoritaria (sólo en distribución) 'Pan negro', también hayan conseguido buenos resultados en taquilla, en un año que no se presume especialmente positivo para nuestro cine, a la vista de los recientes datos. El público también parece querer echar la vista atrás, aunque otros años se rindiera a ejemplos de género puro y duro -'Celda 211' (2009) o 'El orfanato' (2008)- y demanda otras formas de ver la (H)istoria. Películas que buscan dar una 'vuelta', nunca definitiva, a los hechos.

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