Lo que da de sí el Real

por Elena Durán / Daniel Roldán
Lo mejor de los Goya no siempre ocurre sobre el escenario, entre bambalinas pasan muchas cosas que pocas veces salen a la luz
/premios-goya/2011/archivos/201102/galag-238xXx80.jpg Uno de los momentos musicales de la gala.

Veinticinco años de Premios Goya dan para mucho y una gala en el Teatro Real no podía quedarse corta. Tanto en la alfombra roja, como en el patio de butacas o entre bambalinas se suceden cientos de anécdotas que, habiendo periodistas cerca, no se pueden quedar en el tintero. Mientras sucede la gala, podemos contar un buen puñado de  curiosidades que pasan dentro y fuera del patio de butacas.

Después de que la lluvia se colara en la gran fiesta del cine español, sin que nadie la hubiera invitado, las estrellas han desfilado por la largísima alfombra roja que casi empapela Madrid entero para llegar al teatro donde, también sin invitarlo, se ha colado Jimmy Jump para sumar uno más a la lista de eventos que intenta destrozar con su presencia. Esta vez para robar protagonismo a Bardem, algo que por supuesto, no ha conseguido. Por cierto, Javier Bardem no ha hecho el tradicional paseíllo tras recibir la estatuilla, aunque ha respondido a algunas preguntas de los periodistas, después de dedicarle el Goya a su mujer, Penélope Cruz, y a su hijo recién nacido.

Otra de las anécdotas de la noche la ha protagonizado Pascual Maragall, a quien no paraba de sonarle el móvil mientras estaba en el escenario del Real recogiendo su Goya. ¿Sería para felicitarle? El caso es que tras recibir el Goya por 'Bicicleta Cuchara Manzana' se ha dedicado a sacar fotos con el móvil a los periodistas como recuerdo de la noche.

Una noche en la que los periodistas lo tienen difícil para hacer su trabajo. En la sala de prensa del Teatro Real se ha ido la luz y los  periodistas piden linternas para poder trabajar. Pero no ha cundido el pánico, la luz ha vuelto y podemos contar que Francesc Colomer, con sus once añitos, ha sido capaz de improvisar su discurs después de que la nota que llevaba escrita no quisiera salir de su bolsillo en el momento en el que la necesitaba para agradecer su premio.

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